HISTORIA DEL CARBON
ASPECTOS HISTÓRICOS DE LA INDUSTRIA DEL CARBÓN EN COLOMBIA
El esfuerzo que se hizo para desarrollar una industria moderna que utilizara, directamente, el calor y las fuentes de energía mecánica movida por vapor, está íntimamente relacionado con el origen de la extracción del carbón. Los mineros cundinamarqueses, boyacenses, vallunos y antioqueños son la verdadera historia de la minería del carbón en Colombia. Las cementeras, las termoeléctricas, las ferrerías, las salinas, los ferrocarriles exigían un combustible y ellos se lo suministraron.
Entre 1820 y 1840 se establecieron varias empresas industriales en Bogotá: la Siderúrgica de Pacho (1824), fábricas de loza (1834), vidrio y cristales (1837), papel (1837) y lienzos de algodón (1836). Todas tropezaron con múltiples dificultades técnicas, económicas y de mercado, perdieron impulso y fracasaron. A pesar de esta situación, en 1937 se desarrollaron, como una nueva industria, las primeras explotaciones de carbón, las cuales fueron abiertas para que este combustible se utilizara en las Salinas de Zipaquirá. En Bahamón Castilla (1988:86) se lee, sobre las minas de sal de Zipaquirá, lo siguiente:
«Por Ley de 26 de julio de 1824 ingresaron al Tesoro Público y se continuaron labores, abriéndose en 1834 la segunda galería llamada Guasá, y fue para 1837 que se empleó por primera vez el carbón como combustible, iniciándose perspectivas serias para este mineral ».
Las explotaciones que suministraban el carbón a las salinas estaban localizadas en el centro de producción denominado Carboneras San Jorge, constituido por las siguientes minas: El Llano de Animas, El Hueco, Pajonal, Carmelota, Santa Bárbara, Lumbrera, Colón, Panamá y California. Estas minas fueron de particulares durante un largo periodo y, posteriormente, pasaron a ser propiedad de la Nación, según la cita siguiente: «Por escritura pública del 5 de agosto de 1880 de la Notaría Segunda de Bogotá, por medio de la cual don Jorge Holguín transfirió perpetuamente al Gobierno de los Estados Unidos de Colombia la propiedad de dichas minas».
A principios de 1870, comenzó a reavivarse el interés para la creación de nuevas industrias. Entre otras, se estableció una empresa de ácido sulfúrico (1874), una de chocolate con maquinaria moderna (1874), tres nuevas ferrerías (Samacá, La Pradera y Amagá), para cuya instalación fue una condición necesaria la presencia muy cercana del mineral de hierro y del carbón. En otras palabras, hacia 1870 - 1880 ciertos factores impulsaron de nuevo las actividades industriales y les daban mejores bases para un desarrollo sostenido. El avance de una minería moderna y el comienzo de la construcción de los ferrocarriles elevaron el nivel técnico de muchos trabajadores. Surgieron los primeros ingenieros y los primeros talleres donde se aplicaban conocimientos de química, metalurgia y mecánica. Se desarrollaron los bancos y la riqueza del comercio abrió la oferta de capitales para invertir en la industria.
A partir de 1880, aumentó el establecimiento de industrias modernas, especialmente, en Antioquia. El avance de las comunicaciones creó mercados locales de fácil abastecimiento. Igualmente, crecieron las exportaciones. Hacia 1886 - 1888 se establecieron en Medellín algunos telares avanzados y se fundaron fábricas modernas de calzado, de ácido sulfúrico (1886), de cerveza y de implementos para el beneficio del café. Se fundaron la fábrica de tejidos Merlano en Cartagena, la Cervecería Bavaria en Bogotá (1891), que adquirió y explotó las minas de carbón de Zipacón para alimentar sus calderas y cuya filial Fenicia empezó a fabricar envases en 1897 (MELO, J. O., 1982:202-204). Con la construcción, en el interior del país, de las vías férreas y la puesta en funcionamiento de los ferrocarriles a vapor, a principios del siglo XX, se incrementó la explotación de carbón cuya producción alcanzó las 250.000 t/año que eran consumidas, tanto por el transporte a través de la pequeña red ferroviaria de 550 km, como por las fábricas de cemento y textiles, la fabricación de ladrillos y en el consumo doméstico. Las explotaciones se adelantaban de manera rudimentaria por el sistema subterráneo, en minas localizadas en regiones aledañas a la Sabana de Bogotá, Zipaquirá, Nemocón, Sesquilé y Tausa.
Un primer paso importante, para el desarrollo minero en Colombia, sucedió en 1940. Por medio de dos decretos extraordinarios y una escritura pública se creó el Instituto de Fomento Industrial (IFI), con el fin de promover la creación y ensanche de empresas dedicadas a la explotación de industrias esenciales que con la iniciativa y el capital de particulares no hubiesen podido, por sí solas, desarrollarse satisfactoriamente. Uno de sus objetivos era: «Organizar y promover empresas dedicadas a la exploración, explotación, beneficio y transformación de las minas de propiedad de la Nación, en caso de que éstas revistan una importancia básica para el desarrollo de la economía nacional». Entre sus dependencias, el Departamento de Minería tenía que efectuar los trabajos exploratorios, evaluar los yacimientos descubiertos y efectuar la planeación del desarrollo minero del yacimiento evaluado previamente, indicando los posibles sistemas de explotación, bajo distintas condiciones de producción, beneficio y mercado (IFI, 1969).
Una nueva etapa, en el desarrollo del sector carbonífero, surge cuando entra en funcionamiento la Siderúrgica de Paz de Río en 1954 y las termoeléctricas de Paipa (1956) en el Departamento de Boyacá, y de Yumbo (1958) en el Departamento del Valle del Cauca. Esto originó la expansión de la producción de carbón en las minas aledañas a las plantas, alcanzándose en el año de 1956 una producción de 2 millones de toneladas. Durante la década de los años 60 se presentó un estancamiento del sector carbonífero a causa de la reducción de los precios del petróleo, el desarrollo del sector hidroeléctrico y la sustitución del carbón, como combustible doméstico, por el gas propano, el gas natural, la electricidad y el cocinol. La crisis petrolera mundial en 1973 y el aumento de la demanda de electricidad en el país, propició un ambiente que permitió el incremento de la producción de carbón, para cumplir con las necesidades internas. Por otra parte, en 1976, entraron en operación dos nuevas unidades de generación carboeléctrica, Termozipa y Termopaipa, correspondientes a la segunda fase del plan de expansión del sector eléctrico del país, lo cual originó un aumento en el número de explotaciones carboníferas y, consecuentemente, un crecimiento significativo de la producción, donde se encontraba identificado este recurso. En 1974, cuando se adelantó uno de los primeros censos de minas de carbón, fueron identificadas 626 explotaciones, distribuidas en nueve departamentos (Antioquia, Boyacá, Cundinamarca, Caldas, Cauca, Norte de Santander, Santander, Tolima y Valle). Los trabajos, en su gran mayoría, seguían desarrollándose de manera rudimentaria por el sistema subterráneo; el 93% de las minas no alcanzaban a producir más de 10.000 t/año. Para esa época, el Ministerio de Minas y Energía había otorgado 104.758 hectáreas en todo el territorio nacional, aunque existían muchas explotaciones sin situación legal definida.
Los métodos de explotación más aplicados eran los de tambores paralelos, tajos largos y cámaras y pilares; en algunas regiones utilizaban el método de testeros (escalones invertidos). Las condiciones de ventilación, desagüe, iluminación y sostenimiento eran precarias, por las escasas inversiones en los trabajos mineros. Teniendo en cuenta la importancia que estaba tomando la minería del carbón, durante las décadas de los años de 70 y 80, el Gobierno Nacional dictó una serie de normas para regular el buen aprovechamiento del recurso, mejorar la seguridad en las operaciones y establecer un beneficio económico para las regiones donde se explotara el yacimiento; entre ellas cabe mencionar las referentes al Estatuto Minero y el Fondo Nacional del Carbón (veáse la legislación minera y tributaria del capitulo dos). En 1983, se adelanta un nuevo censo para determinar el número de explotaciones carboníferas existentes en el territorio nacional, la situación jurídica de cada una de ellas, las condiciones técnicas de las operaciones desarrolladas y el estado de la seguridad minera, entre otras. Como resultado se identificaron 1.449 minas activas, de las cuales el 97% producía menos de 10.000 t/año. Las condiciones de explotación, para este tipo de minas, eran las mismas identificadas en el censo de 1974. La tecnificación sólo se apreciaba en los nuevos proyectos a cielo abierto entrados en operación y en algunos existentes anteriormente, los cuales correspondían al 3% del total de minas identificadas.


